Un breve escrito de aquella vez que me intentaron llamar así por apoyar una iniciativa del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.
¿Por qué me llamaron así?, averigüémoslo.
Ahora que la Ciudad de México va a pasar al semáforo verde de COVID-19, cosa
que debe preocuparnos, me hizo acordarme de aquella vez que, como lo dice el
título, me llamaron whitexican, pensando en que me ofendería. Fue algo que me
había olvidado hasta apenas a inicio de semana empecé a ver la posibilidad del
cambio de semáforo de amarillo al verde.
Antes de continuar, me gustaría decir una definición relativamente cercana de
lo que es un whitexican, término que se ha popularizado en los últimos
tiempos. Digo que es cercana porque no tiene una definición específica, pero
se refiere a personas mexicanas (desconozco si esto se pueda aplicar a
personas de esta tonalidad de piel de otros países de Latinoamérica), que
suben a sus redes sociales tanto viajes, automóviles, incluso otras personas,
que van acompañados estos post con frases motivacionales. Suelen pensar que la
“mentalidad de tiburón” es única y que el “pobre es pobre porque quiere”, sin
siquiera imaginar que detrás hay muchos privilegios que las personas de a pie
no tienen. Como dije, estas personas se creen que porque viajan, muestran en
Instagram fotos de sus lujosas comidas, espectaculares escenas del anochecer,
con otras personas, (incluyendo a sus parejas). Es decir, al no darse cuenta
de la gran desigualdad que existe en México se volvieron una burla para todos
los internautas. Obviamente esto no pasó desapercibido y se volvió una sátira
de cómo viven estas personas ricas, económicamente. Para estas personas se les
considera como un supuesto
racismo a la inversa; hay que aclarar que algunos de estos personajes o
“carnales” se enojaron ante esta palabra y por eso lo declaran así.
Cuando hay racismo en México desde hace mucho tiempo. Es un tema que no se
habla, aún hay cierto tabú al respecto. Porque en México y como se mencionó
anteriormente, las oportunidades están muy disparejas. Alguien egresado del
Tec de Monterrey tiene mejores oportunidades laborales, con un mejor puesto,
que alguien egresado de una universidad pública; pero eso sí, tienes que ser
blanco de piel y tener ojos que se acerquen a los azules, porque si eres
moreno, las tienes difíciles. Y qué decir de las personas que
viven en pueblos lejanos a las
grandes ciudades.
Claro, el salario mínimo aumentó, se les cobra a las grandes empresas los
impuestos que dejaron de pagar durante mucho tiempo, se está luchando por una
sociedad más equitativa. Pero esta lucha por la desigualdad social viene de
muchos siglos atrás, de aquel pensamiento eurocentrista y los cánones de
belleza impuestos por las revistas de alta categoría y actualmente por medio
de Photoshop para darle retoques menos realistas y más aspiracionales a las
pesonas.
Esto también influye en la persona y su manera de clasificar la realidad que
lo rodea. De acuerdo a la tesis de Sapir-Worf, se influye en el
comportamiento, su forma de pensar y de hablar de un individuo, en cambio, es
la propia lengua del hablante la que influye en la clasificación y
memorización de la realidad que viven; en palabras menos científicas es la
manera en como dos individuos, de diferentes lenguas, arreglan sus
diferencias.
Los del pueblo imitan a los ricos. Esto se ha visto con los criollos y
mestizos que lucharon por la independencia de México hace más de cien años.
¿Cómo se ve esta imitación?, pues basta con darle una pequeña vuelta al arte.
Desde hace mucho tiempo, el arte se ha considerado exclusivo de las personas
ricas. Esto se debe a que el pensamiento de ellos es que
el pueblo no lo entendería; en
cambio, la propia sociedad se burla de esto al imitar dicho arte,
reproducirlo, haciendo perder algo de valor a la obra en cuestión, aunado al
hecho de que la negación es ajena a la cultura popular.
Porque la imitación hace que se pierda la esencia original, pero ayuda a que
sea accesible para todos. Aquí vendría siendo la pregunta de ¿qué es lo
original, qué se considera como tal? Podría ser como una fábrica donde todo
sale en seria para abaratar costos. Pero las imitaciones se esparcen como un
incendio, porque depende de alguien para que lo inicie.
Es como en el asunto de la pandemia. Cuando hubo una crisis, estas personas,
los whitexicans salían y le pedían al pueblo, que luchaban por su
sobrevivencia, que se quedaran en casa. Hay genios de pandemias anteriores que
hicieron grandes avances para la sociedad poque tenían los medios, los
recursos para ello. En cambio, como lo acabo de mencionar, el pueblo no. El
común de la gente no los tiene. Viven al día. Pero la naturaleza humana es
rebelde. Se resiste a creer en un ser superior (en este caso los whitexicans).
Además de que cualquier crítica que se haga en la actualidad es tachada de ser
intolerante, incluso a los extremos de ser llamada racista. Y justo a eso
quiero llegar, a la parte del título:
la vez que me llamaron whitexican.
Todo el preámbulo anterior se debe a que, sí, yo provengo de una familia que
me educó a tener los pies en la tierra, a ayudar al prójimo en lo posible. Yo
no tengo viajes al extranjero, es más, mi último viaje, pagado con mi propio
dinero, fue cuando visité a una tía dentro del país y de eso hace un par de
años.
Además, estudié en buenas escuelas, en teoría sí, pero las prácticas de
corrupción de La Salle, aquel colegio donde los ricos de la zona iban a
simplemente pagar por pasar las materias, en cambio uno que sí estudiaba, era
menospreciado. ¡Ah qué tiempos aquellos donde un profesor de dicha escuela al
que le decían Viruta, como aquel personaje cómico de
Viruta y Capulina, se enojaba
porque me dedicaba a hacer pequeños ensayos en preguntas que, según él, debían
ser copia exacta de los libros!. ¿Soy whitexican por decir que fui a La Salle,
colegio donde no le guardo el más mínimo respeto?, sí, si lo soy.
Soy un whitexican por parte de mi infancia y adolescencia, sí y no. Porque
bueno, yo no subo mis fotos de mis viajes a Dubái, no he visitado New York,
mucho menos Las Vegas. Fui a las “mejores” escuelas, donde intentaron reprimir
mi instinto analítico y afortunadamente no lo lograron. Pero esta señorita que
me llamó whitexican, por apoyar la causa de aquel #quedateencasa le digo que,
si bien mi padre fue y es el mejor ingeniero de sonido del cine mexicano (4
arieles lo respaldan), no soy tal denominación, porque soy parte del pueblo. Y
él, a pesar de sus éxitos, se mantiene con los pies en la tierra, siendo
humilde y es parte del pueblo, como mi madre, mis hermanos y yo.
Yo vivo al día, trabajo por las noches en una tienda de abarrotes, estudio en
una universidad pública; es más, mis últimos diez años, aproximadamente, he
estado luchando por mi sobrevivencia. Vengo de una larga depresión. En mis
redes sociales personales no subo ninguno de mis viajes (porque no ha viajado
mucho), a lo más, subo memes, los comparto y ya. Lo único que se me podría
considerar como tal, sería mi color de piel, pero hasta ahí.
Y ahora que la Ciudad de México va a pasar al semáforo verde, que Dios los
agarre confesados porque este whitexican se debe ir, pero a preparar para mi
examen de certificación de una materia.
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