He estado viendo, desde la comodidad de mi habitación, al exterior. No es un espacio vacío, sino lleno de casas. En una de ellas, es de tres pisos y desconozco si hay sótano, que no creo. Dentro de esa casa, por lo que se puede ver, vive una familia que no sobresale mucho, pero que ha de tener algo de dinero para poder siquiera rentar esa pequeña mansión.
Se deben de
preguntar qué tiene de especial ese lugar, pues se los diré de inmediato y
después me explayaré más: ahí vive una persona que quiere matar a un animal, un
perro que es de mi sobrino menor.
¿Por qué quiere hacer eso?, pues simple, porque quiere
evitar algo natural en ese pequeño animal: que ladre. Sí, su ladrido es fuerte
y aunque esté pequeño de edad, si tiene una voz muy fuerte. Es muy inteligente
este perrito, es cariñoso, algo salvaje cuando se avienta, pero me avisa cuando
hay alguien que viene de visita a la casa. Mueve su cabecita hacia donde está
el extraño y corre de un lado avisando.
Pero de vuelta a este señor, que ya amenazó a unos vecinos
con que callaran a sus perros, mucho más pequeños en estatura que Spark. Les aventaba
piedras y hasta les dijo, más o menos que iba a matar a los perros. Admito que
uno que está en clases en línea, no se puede evitar todos los ruidos externos,
porque esos no están bajo nuestro control (como ahora que hay una fiesta con
muchas personas que no están respetando que hay pandemia y creen que este desapareció
por arte de magia). A qué viene todo esto, pues este wey, el de la casa de los
tres pisos, aventaba piedras (la cuenta se quedó en 26, de acuerdo a la última
encuesta realizada por mi madre) y era cada vez que Spark ladraba por cosas que
considera de peligro para nosotros los que vivimos en mi casa.
Pero eso no termina ahí, mi queja no termina aún (sí, lo
hice a propósito, ya que debo de explicar todo, sino les da ansiedad), ya que
hubo una ocasión en que aventaron un kilo de carne, supongo envenenada, al
perro. Para su fortuna hay una gruesa lona que lo protege de la lluvia y de
ataques externos como las piedras y demás. Al ver el peligro, fuimos a ver al
vigilante y avisarle de lo que está ocurriendo. Tomaron cartas en el asunto y los
ataques a Spark cesaron poco a poco, pero eso no evitaba que me fijara desde mi
ventana cada vez que el perro ladraba o cualquier otro de los perros de los
vecinos lo hiciera. Cada vez que ocurría eso, desde la comodidad de mi cuarto
gritaba: “¡a ver, hijo de tu puta madre, lánzales algo también a esos perros!”.
Es como un reto, porque la verdad me molesta esa actitud de que quieran
lastimar a un animal que solo hace su labor de proteger el hogar y a quien le
estoy muy agradecido.
Después de la carne, hubo un ataque con una piedra y
posteriormente, con naranjas. Jugosas, deliciosas y dulces naranjas. Dos de
ellas las lancé al terreno que hay a un costado de mi casa, al que en un futuro
van a construir una casa, por cierto y la última, fue algo gracioso, si se le
puede llamar así. Esto es porque estaba en la computadora, leyendo una nota de
los políticos contrarios al gobierno actual cuando Spark ladró como loco,
porque una vecina azotó con fuerza su puerta que da a su patio. No pasaron ni
30 segundos cuando escuché un fuerte golpe en la lona. De inmediato me levanté
de la silla y fui a ver otra naranja. Molesto y retador, recuerdo que grité “¡Ja,
te vi!
Lo que me molesta de este wey o weya, es que no tiene los
huevos o los ovarios de venir a mi casa y hacer el reclamo correspondiente para
que veamos cómo controlar al perro (cosa que es natural en el animal) o algo
más que esconderse detrás de sus muros para aventar cosas e intentar lastimar a
un animalito del señor. Si no le importa la vida de un perrito, qué le va a
importar los que estén a su alrededor. Esto no es para juzgarlo (sí lo es, pero
hay que ser políticamente correctos o la censura de twitter me va a atacar,
como las kpoppers).
Así que, hijo de la chingada, no creas que te vas a escapar
con la tuya, porque estoy ahora vigilante cada vez que Spark ladra para
agarrarte infraganti y dejar que el internet te funné, como dice la chaviza
actual.
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